Puerto Ayacucho, 20 de abril de 2026. Moraima Padròn de Mora. — Las aguas del imponente Orinoco no serán testigos este año del esfuerzo y la resistencia que durante más de tres décadas caracterizaron a uno de los eventos deportivos más emblemáticos de la región amazónica. Con un profundo pesar y la voz entrecortada por la impotencia, Gildardo «Tato» Chirinos, fundador y alma máter del evento, confirmó la suspensión indefinida de la trigésima segunda edición del Triatlón del Orinoco, prevista para celebrarse en esta capital.
La causa del naufragio de esta cita deportiva no es una crecida súbita del río ni una contingencia climática, sino la sequía de apoyo institucional. Chirinos reveló a este medio que la organización requería un presupuesto mínimo de 4 millones 400 mil pesos colombianos (COP) —una cifra modesta en el contexto de eventos nacionales— destinada exclusivamente a cubrir las premiaciones de las cuatro categorías competitivas y solventar una parte crítica de la logística operativa.
Sin embargo, las puertas de los entes gubernamentales se cerraron con un argumento que ha calado hondo en la dirigencia deportiva local: la falta de partidas presupuestarias y, más grave aún, la recalificación del evento como una «actividad meramente recreativa» y no como la competencia de alto rendimiento que realmente representa.
«Es un golpe duro para el deporte regional. No se trata de un paseo familiar; aquí hay atletas que entrenan todo el año en condiciones extremas, que desafían el calor de Puerto Ayacucho y las corrientes del Orinoco. Pedir perdón a mis hijos y a los atletas es lo más difícil que he tenido que hacer en 32 años de historia», declaró Chirinos en una sentida alocución, dejando entrever la desidia oficial frente al esfuerzo privado y comunitario.
Pese al ambiente de desolación, el organizador fue enfático en un punto: el Triatlón del Orinoco no ha muerto. En un mensaje de resiliencia típico del amazónico, «Tato» Chirinos aseguró que enfocará todas sus energías en la planificación del año 2027, con la firme promesa de devolverle a Puerto Ayacucho y al estado Amazonas su tradicional cita con la natación, el ciclismo y el atletismo de fondo.
Mientras tanto, la comunidad deportiva de la entidad se queda huérfana de su evento insignia, viendo cómo la indiferencia administrativa logra lo que ni las inclemencias del trópico pudieron: detener el paso de los triatletas sobre la tierra del Orinoco.













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