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José Leonardo Chirinos

1795, en la Sierra de Coro, encabezó una insurrección que no pedía permiso, sino justicia. No buscaba reformas: buscaba el fin de la esclavitud.“La libertad no tiene precio, es una donación de Dios”, decían los humanistas de su tiempo. Y Chirinos lo hizo acto: empuñó la rebeldía como un deber sagrado.

Su nombre no siempre aparece en las portadas oficiales, pero su espíritu recorre cada lucha antirracista y anticolonial que sigue viva.

Hoy, más de dos siglos después, la esclavitud ya no es legal… pero el racismo sí. Y duele igual. Porque sigue siendo un intento de robarle humanidad a una persona por su fenotipo.

Si José Leonardo Chirinos levantó un arma para que nadie fuera tratado como propiedad, nosotros alcemos la voz para que nadie sea tratado como animal.

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