Atacante español saludó a Trump para no terminar en la cárcel

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El delantero español Borja Iglesias dejó claro, muy a su estilo y con altas dosis de ironía, que no tenía ninguna intención de convertirse en el protagonista de una versión futbolística de Prison Break. En las horas previas a la gran final del Mundial contra Argentina, el atacante gallego abordó el «conflicto interno» de tener que saludar al presidente estadounidense, Donald Trump —encargado de entregar el trofeo en Nueva Jersey—, confesando con humor que estrecharía su mano única y exclusivamente por el saludable propósito de mantenerse en libertad.

Con su habitual espontaneidad, el ariete de la Roja admitió entre risas ante la prensa un contundente «no quiero ir a la cárcel» para justificar su total sumisión al estricto protocolo de la FIFA y la Casa Blanca. Iglesias explicó que, aunque sus convicciones personales chocan frontalmente con la agenda del mandatario norteamericano, prefería un saludo a regañadientes que fuera «rápido y olvidable» antes que iniciar un incidente diplomático que terminara con él vistiendo un uniforme naranja.

El atacante bromeó sobre los supuestos superpoderes que el público le adjudica a la hora de plantar cara a las instituciones, recordando que, a pesar de su firme historial de activismo social, el sentido común y el instinto de supervivencia legal estaban por encima de cualquier declaración política en el MetLife Stadium. Así, el gallego desactivó la polémica previa con el humor como escudo, asegurando que su prioridad absoluta era celebrar el título mundial sin necesidad de pasar por una oficina del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

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